Lilia es la hermana menor de las cuatro hijas de Inés, una mujer que es madre soltera que vive con sus hijas en un cuarto de azotea de algún edificio del centro de la ciudad.
Enfermera de profesión, Inés se ve obligada a dejar a la mayor de sus hijas a cargo de sus hermanas para así poder ir a trabajar.
La casita donde viven todas juntas es un tanto precaria, construida de madera, con el techo de chapas, y con algunos hoyos en las paredes, es por eso que ellas llaman a su casa "el fresco bote." Con muchas necesidades por satisfacer, Lilia y sus hermanas crecen en armonía con una madre, que por necesidad está ausente.
Con tan solo cinco años, Lilia un buen día por la mañana descubrió por accidente la que sería su profesión y vocación de vida. Ines había colocado por la casa unas trampas para ratones. Unos rectángulos de madera que tienen empotrados un sistema de resortes de metal con un cebo para atraer a los ratones, estos al asercarce a las trampas y comer el cebo, activan el sistema de resortes produciendo una suerte de "manotazo" que provoca un sonido muy particular, y por supuesto atrapa al ratón. Algunas veces lo mata, pero muchas otras simplemente los deja con vida, pero inmóviles.
Una mañana al levantarse de la cama, Lilia escuchaba un ruidito muy particular que llamo su atención. Caminando con sus piecitos descalzos y su camizoncito blanco de pijama, ella seguía la dirección de dónde venía ese sonido, al cabo de unos instantes descubrió qué era lo que producía tal ruidito. En un rincón de la casa encontró a un bebé ratón atrapado en la trampa, este llacia con una de sus patitas atrapada por el resorte, y eso hacia que el ratón estuviera inmóvil, y que obviamente chillara. Absorta y curiosa, Lilia se quedó mirando por unos segundos al pequeño ratón, pero lo que más llamó su atención, fue que el animalito también la miraba a ella con una cara que suplicaba por su vida, y que lo liberara. El ratoncito dibujaba en su carita un gesto de tristeza y súplica, entonces la niña le dijo al ratón.
-¡Ay querido, se te quedó la patita atrapada!
Inclinándose al ratón y con mucho cuidado, primero sujeto al pequeño roedor, y después levantó la pieza del resorte que atrapaba al animalito, al liberarlo lo tomo con ambas manos para resguardarlo, se puso de pie notando que por el impacto del golpe del resorte, la patita del ratón estaba toda torcida, giro la mirada y vio en la mesa unos palillos y un carrete de hilo. Sin pensarlo, tomó dichos elementos y comenzó instintivamente a entablillarle la patita al ratoncito para curarlo, al tiempo que decía.
- A ver señor ratón, su patita lastimada ya se la arreglo. Esto le pasa por andar de travieso. ¿Quien lo manda a andar de travieso?
Una vez terminado el trabajo, la niña se quedó con el ratón. Lo alimentaba con restos de comida que quedaban de la cena de la noche anterior, o de la comida del día. Lo mantenía escondido para que sus hermanas no lo descubrieran, y tampoco su mamá. Lo conservaba en una vieja caja de zapatos que escondía bajo su cama.
Todas las noches antes de ir a dormir, iba a ver a su preciada e "ilegal" mascota para jugar con él, revisar la evolución de la curación de su patita, alimentarlo y asegurarse que el animalito estuviera bien.
Un buen día el ratoncito comenzó a hacer mucho ruido cuándo Lilia no estaba cerca de él, y para su mala suerte la madre de la niña estaba haciendo la limpieza de la casita. Sin quererlo la señora comenzó a barrer debajo de la cama de la niña, y con la escoba arrastró hacia afuera la caja de zapatos dónde estaba el ratón, y así descubrió que del interior de la cajita venía el ruido, retira la tapa de la caja y descubre entonces al pequeño roedor.
Gritando por el susto que le provocó su hallasgo, alerto a las niñas, y obviamente a la pequeña Lilia de que algo pasaba. Las cuatro niñas corrieron hacia la habitación para ver qué pasaba, pero la pequeña sabía lo que ocurría, por eso ella fué la que más rápido corrió para evitar lo que ella sospechaba que su madre quería hacer, matar al ratón.
Al entrar a la pequeña habitación, Lilia vio a su mamá que tenía al ratón en sus manos, presionandolo para asfixiarlo y así, matarlo.
- No mamá ¡Suéltalo es mío! Grito la pequeña al tiempo que se aferraba a la pierna de la señora tratando inútilmente de alcanzar las manos de la captura de su amado ratón. La mamá sin soltar al animal volteó hacia abajo para ver a la pobre niña que, envuelta en llanto suplicaba por su querido ratoncito, que ahora se encontraba preso de su mamá, al tiempo que la señora le dijo.
-¡¿Cómo que es tuya está asquerosa rata!? Yo poniendo trampas por toda la casa para matarlas a estás alimañas, y tu cuidándolas hija de la chin.....
- ! No lo mates mamá, es mío! Yo lo salve, le cure su patita, ¿No es lo que haces tu en tu trabajo?
La señora volteo su mirada al pobre ratón y ahí se dio cuenta que el animal tenía una “curasion” que parecía hecha por un profesional de la salud, y regañandola le dijo a la pequeña.
- ¿Tu le entablillaste la pata cabrona?
- Si mamá, fui yo. Lo hice como lo haces tu en tu trabajo, con las personas que van lastimadas a qué las cures. Así como nos has contado a mis hermanas y a mí. No lo mates por favor, es un bebé, y lo debe de estar buscando su mamá. ¿Tu que harías si yo me perdiera?
Las palabras inocentes de la niña tocaron una fibra muy sencible de su madre. La inocencia y la acción de la niña, hicieron que se diera cuenta que en esa pequeñita se estaba gestando una futura enfermera, la única de sus hijas que hasta entonces había mostrado la que sería su vocación de vida. Pasaron los años, y cuando la pequeña Lilia se convirtió en una hermosa mujer, también se convirtió en una enfermera profesional, una perfusionísta por cierto. Carrera que ejerciera por más de treinta años, salvando muchas vidas a su paso, y teniendo el reconocimiento de sus colegas, amigos, y de toda su familia.
Te amo tía Lilia Gloria Romero Heredia
Gracias por tanto, y perdoname por tan poco.
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