jueves, 28 de agosto de 2025

Este cuento se llama; En el restaurante. Y es una divertida anecdota.



En el restaurante.

     Las cosas que pasan en un restaurante son muy variadas. Podemos encontrarnos con gente que va desde simplemente a comer, a hacer o cerrar algún negocio, reunirse con su familia o amigos, o hasta una pareja que asiste al lugar para tener una cena romántica, o porque no, para solucionar alguna diferencia de pareja.

     En mis más de 10 años como gastronómico, he visto de todo en lo que al comportamiento de los clientes de un restaurante se refiere. A los cuales, he tenido el placer de atenderlos. He sido testigo tácito de un sin fin de situaciones tanto lindas y agradables, como también de momentos feos y desafortunados.

     Una situación que presencié en un restaurante de la costa Atlántica  de Buenos Aires, y que nunca olvide fue en enero del 2007. La discusión de una pareja mientras iba a cenar.
Habían llegado alrededor de las 8:30 de la noche, con previa reserva de su mesa. Él, fue muy claro cuándo dijo:
 “Quiero una mesa para dos de las de afuera”.  En el restaurante ya había un par de mesas ocupadas cuando ellos llegaron. Les serví una mesa para  dos sobre la terraza de madera del lugar. Un mantel blanco con un cubre mantel rojo. En el medio de la mesa, un cubo de color azul con blanco hecho de cera que reflejaba desde su interior, la luz de una vela. “Buenas noches, bienvenidos”. Así los recibí en la entrada del restaurante. Ellos venían muy bien vestidos para la ocasión, pero desde ese mismo momento percibí en el rostro de ella un rescoldo de enojo o molestia por algo. Les indique su mesa, se sentaron y enseguida les lleve las cartas. “Cualquier cosa que necesiten, mi nombre es Tony y estoy para servirles”. Les dije y me retire. No habían pasado ni 10 minutos cuando volví a mirarlos desde mi posición para “monitorearlos”  por si me llamaban. Desde dónde estaba yo, apenas se escuchaba levemente lo que se decían, ella gesticulaba mucho con las manos mientras hablaba, y su rostro dejaba entre ver un triste disgusto. De repente, ella alzo la voz y le dijo a su novio en un tono desafiante “¡Me estás diciendo que todo el tiempo que hemos pasado juntos, no significo nada para vos!”. Enseguida él le dijo con voz media baja, hablando entre dientes y con vergüenza; “Baja la voz, te está escuchando todo el mundo”. A lo cuál ella replico “¡Y que me importa que me escuchen, así todo el mundo se entera del tipo de rata que sos!  [jajajajajaja] “Basta amor, estás haciendo un papelón” Dijo él, mientras que la demás clientela medio que los volteo a ver discretamente y murmuraban comentando la desafortunada situación. Después, él  con su mano me hizo un gesto para que me acercara.
Llego a la mesa y les dije ¿“Tomaron una decisión”?  (Refiriéndome a si ya sabían lo que iban a ordenar) Y la respuesta de ella fue; “¡Si, nos vamos a separar!” Entonces tuve que hacer uso de un recurso para este tipo de situaciones. El carisma. Rápidamente con mi mejor cara de amabilidad y carismática  le conteste; “No me diga, ¿es su ultima palabra? Seria terrible que así terminen sus vacaciones ¿no? Yo creo que esto lo podríamos arreglar con una buena botella de vino y la especialidad de la casa.” Después, con una sonrisa medio forzada, ella me contesta, “No creo que exista una botella de vino que haga que él me quiera como yo quisiera que me quiera” Y mi respuesta fue; “Bueno, el hecho de que el caballero no le demuestre su amor por usted, como usted lo desea, no creo que signifique  que realmente no este enamorado de usted. Quizás el caballero esta perdidamente enamorado de usted, pero su manera de demostrárselo no es la que mejor, digamos, no es la que a  usted le resulta más conveniente” Ella me dedico una sonrisa, mientras que él rápidamente dijo; “Viste amor, hasta (¿cómo te llamas? me dijo)” “Tony” (Le contestó ella.) “Nos dijo su nombre cuando nos trajo el menú”. “Bueno Hasta Tony se da cuenta de lo que me pasa con vos ¿Por qué vos no?” Me reí, para poner paños fríos a la situación. Mientras ella me dijo “¿Que nos recomiendas cenar?”  “Yo recomendaría primero que nada que, mientras voy a averiguar  qué vinos llegaron hoy. Que ustedes se vuelvan a mirar a los ojos y se digan porque se eligieron el uno al otro, y en unos momentitos vuelvo. ¿Les parece?” Los dos se rieron, y con una linda sonrisa y un movimiento de sus cabezas me aprobaron lo mencionado.
     Cuándo me doy vuelta y me retiro de la mesa. Mi  sorpresa fue que escuche aplausos de los demás clientes que, estaban atentos a lo que estaba pasando con aquella pareja. Mientras aplaudían, yo creía que les estaban aplaudiendo a ellos (a dicha pareja) pero no. Me di cuenta que la aprobación de la clientela fue para mi cuando otras personas en otra mesa me llamaron, me acerco y uno de ellos me dice “Que buena onda lo tuyo he” “¿Por qué?” [Le pregunte]. “Lo que hiciste con esa parejita fue genial” Me dijo. “Muchas gracias señor”. “Tráeme la cuenta por favor”.

Después de haber cenado. La pareja en cuestión, se retiro del lugar luego da haber solucionado aquel episodio de su relación.
 “Muy rica la comida y muy bueno tu servicio, muchas gracias por la buena onda”. Me dijo él después de pagarme la cuenta. Nunca los volví a ver en mi vida.
Esto sucedió en La sal de la tierra, un restaurante que estaba en Costa del Este.

3 comentarios:

  1. Que afortunada pareja que tubo la suerte de que alguien asi los atendiera parecjese u angek que les abrio los ojos oara seguir con un amor quepor una pequeñez pudo haber terminado. Lino caso de la vida real

    ResponderEliminar
  2. Excelente respuesta del narrador-personaje (autor). Una forma excelente de demostrar que un servicio de calidad no es improvisación sino calidez humana. Hay tantas historias que bien podrían componer una obra de las situaciones complejas en un lugar tan cotidiano. Ojala nos reflejamos un día en una de esas historias. Bien conectar al lector con las increíbles situaciones.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias por leerlo, y por tus comentarios tan amables. Es un placer para mí que hayas leído mí cuento, pero mucho más que te haya gustado.

      Eliminar