En el restaurante.
Las cosas que
pasan en un restaurante son muy variadas. Podemos encontrarnos con gente que va
desde simplemente a comer, a hacer o cerrar algún negocio, reunirse con su
familia o amigos, o hasta una pareja que asiste al lugar para tener una cena
romántica, o porque no, para solucionar alguna diferencia de pareja.
En mis más de 10
años como gastronómico, he visto de todo en lo que al comportamiento de los
clientes de un restaurante se refiere. A los cuales, he tenido el placer de
atenderlos. He sido testigo tácito de un sin fin de situaciones tanto lindas y
agradables, como también de momentos feos y desafortunados.
Una situación que
presencié en un restaurante de la costa Atlántica de Buenos Aires, y que nunca olvide fue en
enero del 2007. La discusión de una pareja mientras iba a cenar.
Habían llegado alrededor de las 8:30 de la noche, con previa
reserva de su mesa. Él, fue muy claro cuándo dijo:
“Quiero una mesa para dos de
las de afuera”. En el restaurante ya
había un par de mesas ocupadas cuando ellos llegaron. Les serví una mesa para dos sobre la terraza de madera del lugar. Un
mantel blanco con un cubre mantel rojo. En el medio de la mesa, un cubo de
color azul con blanco hecho de cera que reflejaba desde su interior, la luz de
una vela. “Buenas noches, bienvenidos”. Así los recibí en la entrada del
restaurante. Ellos venían muy bien vestidos para la ocasión, pero desde ese
mismo momento percibí en el rostro de ella un rescoldo de enojo o molestia por
algo. Les indique su mesa, se sentaron y enseguida les lleve las cartas.
“Cualquier cosa que necesiten, mi nombre es Tony y estoy para servirles”. Les
dije y me retire. No habían pasado ni 10 minutos cuando volví a mirarlos desde
mi posición para “monitorearlos” por si
me llamaban. Desde dónde estaba yo, apenas se escuchaba levemente lo que se
decían, ella gesticulaba mucho con las manos mientras hablaba, y su rostro
dejaba entre ver un triste disgusto. De repente, ella alzo la voz y le dijo a
su novio en un tono desafiante “¡Me estás diciendo que todo el tiempo que hemos
pasado juntos, no significo nada para vos!”. Enseguida él le dijo con voz media
baja, hablando entre dientes y con vergüenza; “Baja la voz, te está escuchando
todo el mundo”. A lo cuál ella replico “¡Y que me importa que me escuchen, así
todo el mundo se entera del tipo de rata que sos! [jajajajajaja] “Basta amor, estás haciendo un
papelón” Dijo él, mientras que la demás clientela medio que los volteo a ver
discretamente y murmuraban comentando la desafortunada situación. Después, él con su mano me hizo un gesto para que me
acercara.
Llego a la mesa y les dije ¿“Tomaron una decisión”? (Refiriéndome a si ya sabían lo que iban a
ordenar) Y la respuesta de ella fue; “¡Si, nos vamos a separar!” Entonces tuve
que hacer uso de un recurso para este tipo de situaciones. El carisma.
Rápidamente con mi mejor cara de amabilidad y carismática le conteste; “No me diga, ¿es su ultima
palabra? Seria terrible que así terminen sus vacaciones ¿no? Yo creo que esto
lo podríamos arreglar con una buena botella de vino y la especialidad de la
casa.” Después, con una sonrisa medio forzada, ella me contesta, “No creo que
exista una botella de vino que haga que él me quiera como yo quisiera que me
quiera” Y mi respuesta fue; “Bueno, el hecho de que el caballero no le
demuestre su amor por usted, como usted lo desea, no creo que signifique que realmente no este enamorado de usted.
Quizás el caballero esta perdidamente enamorado de usted, pero su manera de
demostrárselo no es la que mejor, digamos, no es la que a usted le resulta más conveniente” Ella me
dedico una sonrisa, mientras que él rápidamente dijo; “Viste amor, hasta (¿cómo
te llamas? me dijo)” “Tony” (Le contestó ella.) “Nos dijo su nombre cuando nos
trajo el menú”. “Bueno Hasta Tony se da cuenta de lo que me pasa con vos ¿Por
qué vos no?” Me reí, para poner paños fríos a la situación. Mientras ella me
dijo “¿Que nos recomiendas cenar?” “Yo
recomendaría primero que nada que, mientras voy a averiguar qué vinos llegaron hoy. Que ustedes se
vuelvan a mirar a los ojos y se digan porque se eligieron el uno al otro, y en
unos momentitos vuelvo. ¿Les parece?” Los dos se rieron, y con una linda
sonrisa y un movimiento de sus cabezas me aprobaron lo mencionado.
Cuándo me doy
vuelta y me retiro de la mesa. Mi
sorpresa fue que escuche aplausos de los demás clientes que, estaban
atentos a lo que estaba pasando con aquella pareja. Mientras aplaudían, yo
creía que les estaban aplaudiendo a ellos (a dicha pareja) pero no. Me di
cuenta que la aprobación de la clientela fue para mi cuando otras personas en
otra mesa me llamaron, me acerco y uno de ellos me dice “Que buena onda lo tuyo
he” “¿Por qué?” [Le pregunte]. “Lo que hiciste con esa parejita fue genial” Me
dijo. “Muchas gracias señor”. “Tráeme la cuenta por favor”.
Después de haber cenado. La pareja en cuestión, se retiro
del lugar luego da haber solucionado aquel episodio de su relación.
“Muy rica la comida y
muy bueno tu servicio, muchas gracias por la buena onda”. Me dijo él después de
pagarme la cuenta. Nunca los volví a ver en mi vida.
Esto sucedió en La sal de la
tierra, un restaurante
que estaba en Costa del Este.
Que afortunada pareja que tubo la suerte de que alguien asi los atendiera parecjese u angek que les abrio los ojos oara seguir con un amor quepor una pequeñez pudo haber terminado. Lino caso de la vida real
ResponderEliminarExcelente respuesta del narrador-personaje (autor). Una forma excelente de demostrar que un servicio de calidad no es improvisación sino calidez humana. Hay tantas historias que bien podrían componer una obra de las situaciones complejas en un lugar tan cotidiano. Ojala nos reflejamos un día en una de esas historias. Bien conectar al lector con las increíbles situaciones.
ResponderEliminarMuchas gracias por leerlo, y por tus comentarios tan amables. Es un placer para mí que hayas leído mí cuento, pero mucho más que te haya gustado.
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